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¡Las necesidades satisfechas no motivan!

las necesidades satisfechas no motivan

¡Las necesidades satisfechas no motivan!

No recuerdo a quien escuché decir esto por vez primera, pero me quedó grabado desde entonces, y no imaginan cuanta certeza he podido evidenciar en esas palabras.

Con frecuencia vemos en los diferentes medios de comunicación paisajes hermosos de lugares no solo de nuestro bello país sino del mundo entero; y solemos maravillarnos con los colores que la naturaleza nos entrega, anhelando poder estar en presencia de tanta belleza, sin casi ser conscientes que tan solo a unos pocos pasos, podemos cada día ser testigos de un mural único, majestuoso y casi divino que la hermosa Cartagena de indias nos brinda a propios y visitantes a las 5 de la tarde sobre la Avenida Santander cada vez que el sol se oculta en el horizonte.

Ver una puesta de sol es sentir la presencia de una fuerza divina que sin pedirnos nada a cambio, se empeña en decirnos que la vida es bella, que el final no tiene porque ser menos bello que el camino que hemos recorrido, y que la esperanza no se acaba con el día; por el contrario nos recuerda que con la puesta del sol nace el brillo de las estrellas en el cielo y se nos llena el corazón de la paz que tanto necesitamos en estos días. Sentir la brisa fresca en una caminata por las calles del centro histórico de la ciudad, es una experiencia que enamora con las tonalidades de las luces e invita a vivir ese realismo mágico del que tanto se ha escrito. El corazón se agiganta cuando tomas de la mano a ese ser querido en algunas de las muchas plazas que te ofrecen ese aire marino relajante, envolviéndote en un ambiente de infinita felicidad. Y una caminata por la orilla del mar nos brinda un masaje a nuestros pies y hace experimentar una sensación de dicha mientras sientes como se activa la circulación en todo el cuerpo. Todo esto nos ofrece nuestra bella ciudad, y hay que darnos el tiempo necesario para disfrutarlo.

Pero parece ser que efectivamente esa necesidad está satisfecha y no apreciamos el regalo diario que nos brinda la naturaleza; dando por sentado que allí está y siempre estará, mientras transitamos sórdidamente, ya casi sin maravillarnos, pero anhelando poder estar en lugares lejanos, cuando hay quienes en la distancia sueñan con poder disfrutar esa invitación llena de colores y formas que hacen que un ocaso nunca sea igual a otro, porque se conjugan los colores, el rocío del mar, el olor que se percibe, los sonidos que ambientan y celebran, cada día desde la costa más bella de américa; que el sol se vaya a dormir para dar paso a una noche que también quiere engalanarse rindiendo homenaje a la fantástica Cartagena.

Ese mar imponente recordará la última vez que cada uno de nosotros le visitamos alguna tarde de domingo en compañía de familiares o amigos para pasar un rato agradable retozando en sus arenas bajo el sol como testigo majestuoso; pero con certeza más de uno de nosotros no lo tendrá así presente. Y es que no solo el mar siente nuestra ausencia y desdén, también se percibe cuando se trata de visitar nuestros sitios históricos, cómo el majestuoso Castillo de San Felipe de Barajas, por solo citar un ejemplo; incluido en 1984 por la Unesco dentro de la lista de Patrimonio de la Humanidad; y al cual se le considera una de las siete maravillas de Colombia; muy a pesar que el último domingo de cada mes el acceso a los monumentos y sitios históricos de la ciudad es gratis, cosa que algunos no saben, y a otros poco motiva.

Y es que con pasmosa sorpresa podemos encontrar con más frecuencia que un familiar o amigo foráneo visite y tenga fotos en estos lugares que cualquier Cartagenero o Cartagenera que ha vivido toda su vida en esta hermosa ciudad. ¿Cuántas veces hemos llevado a nuestros hijos a visitarlos?, ¿Cuánto sabemos de su historia? ¿Cuánto hemos investigado sin que sea una tarea de nuestros hijos? Queremos una mejor ciudad, y no la vivimos; la exigimos a nuestros gobernantes y excusamos nuestras responsabilidades.

En las mañanas al oriente, en las tardes al occidente mientras aún no se ha desvanecido el rocío sobre las plantas; el cielo nos regala su obra para llenar nuestros corazones de esperanzas; mas no tomamos el tiempo ni aún para deleitarnos con ese inmenso regalo divino; mientras nos dejamos llevar por el afán con que inicia cada día en nuestras vidas; y peor aún, en ocasiones no le enseñamos a nuestros hijos a que ellos si lo disfruten.

¡Las necesidades satisfechas no motivan! Hasta cuando ya no lo están.

Visita: Notas breves de Cartagena de Indias

#Líderesinmobiliarios

GEOBEL E PALLARES OLIVER
Director de Planeación Estratégica
Araujo y Segovia S.A.

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