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Luis Rafael Hoyos Garcia

Ene 06 2012, por csola en Proyectos
Palabras de Alberto Araujo Merlano en Homenaje De Expociudad 2012

Dr. Alberto Araujo Merlano y Sr. Luis Hoyos Garcia

 

Recibí con alegría la invitación que me hiciera Flavio Romero, presidente de la sociedad colombiana de Arquitectos seccional Bolívar, para que dijera unas palabras en el homenaje que se le rinde esta noche a Luis Rafael Hoyos García en el marco de la Octava Versión de Expo Ciudades Feria Inmobiliaria. Y digo que para mi fue causa de singular alegría porque me brinda la oportunidad de decir en voz alta lo que de corazón pienso sobre esta persona sobresaliente a quien admiro y quiero con gratitud profunda pues para mí, además de amigo, funcionario perfecto y socio sin igual, él es un líder nato en quien armonizan los mejores atributos que puede ostentar una persona y un jefe.

 

Para quienes lo tratan por primera vez, les impresiona su sencillez, su aplomo y su evidente sinceridad, lo que les inspira confianza. Quienes lo conocen un poco más, dicen de él que es un excelente relacionista y la encarnación del sentido común, tan poco común en el común de las gentes. Para mi que lo conozco desde hace tantos años, Luis Rafael Hoyos es un poquito más que todo eso: es una persona leal, de clara inteligencia, dueño de un sentido de observación profundo, de una memoria fotográfica, siempre dueño de sí mismo, dotado de una imaginación fecunda y original para los negocios, de un criterio perspicaz, de un corazón bondadoso que se solaza en servir a los demás. Para mí él es un “fuera de serie”. Por eso el puede ver claramente las oportunidades de negocio donde los demás no ven nada y se aprovecha de esa maravillosa facultad en beneficio de la empresa donde empezó como auxiliar de contabilidad para escalar pronto a la jefatura de cartera, la secretaría general, la Gerencia y luego asumir como socio una responsabilidad magistral. No puedo hablar de Lucho Hoyos sin pensar en Ricardo Segovia.

 

Éramos tres personas distintas pero un solo corazón y una sola mente para analizar los negocios y proyectar el porvenir. Yo era el soñador, el Quijote; Ricardo, el aterrizado, el polo a tierra, y Lucho la ponderación, el equilibrio, la energía positiva. Nos profesábamos una completa lealtad y una confianza absoluta. Hoyos se convirtió en el Gerente General mientras nosotros actuábamos como sus consejeros y asistentes. Por eso yo me podía dedicar a fundar la sucursal del Banco Popular en Cartagena, podía irme a Liverpool a desempeñar el Consulado General de Colombia o a la Cámara de Representantes o a la Gerencia de las Empresas Públicas o a Colpuertos, y Ricardo ocupar la Alcaldía de Cartagena, la Gobernación del Departamento, irse al Directorio Nacional del Conservatismo en Bogotá o como Embajador de Colombia a Costa Rica, siempre tranquilos, entregándonos por entero a nuestras actividades externas, porque sabíamos que nuestra empresa estaba en buenas manos, en manos seguras que la manejaban con mayor acierto que nosotros mismos. Con el tiempo esta relación perfecta genera unos sentimientos de solidaridad, de recíproca lealtad, de afecto y fraternidad tan fuertes y entrañables que hasta superan los lazos de la sangre.

 

Me deleito recordando nuestras sesiones de trabajo. Allí implantamos la filosofía de calidad total y mejoramiento continúo en memorables reuniones con los jefes de departamentos, y de allí fueron surgiendo los diferentes negocios: la búsqueda de espacios cada vez más grandes para nuestras oficinas, la conversión de edificios en propiedad horizontal para venderlos y convertir la utilidad en más amplias oficinas propias; las nuevas urbanizaciones, la construcción de casas y edificios de apartamentos para la venta, de Centros Comerciales, de edificios de parqueaderos y de nuevas sucursales. No sé si mi memoria me falla pero no recuerdo una sesión de la que nos hubiéramos levantado con el seño arrugado porque siempre terminábamos poniéndonos de acuerdo. Y ese es otro de los carismas de Hoyos: encontrar el punto justo donde las voluntades se acuerdan, se le da solución a los problemas y todos quedan contentos, socios, arrendador y arrendatario, vendedor y comprador, demandante y demandado porque es un amigable componedor nato. Ese puede ser el secreto del éxito de nuestros negocios en todos los ámbitos. Su vida profesional, dentro y fuera de Araújo y Segovia, ha sido una espiral en constante ascenso, gracias a su carisma , a su talento empresarial y al afortunado ejercicio de los tres dones del verdadero líder: el don de mando, el don de gentes y el don de acierto, sobre los cuales ejerce un dominio que despliega en todos los escenarios y que lo han llevado a ejercer múltiples veces la presidencia de la Lonja de Propiedad Raíz de Bolívar en Cartagena y de la de Colombia en Bogotá, con el aplauso y satisfacción de todos sus miembros.

 

Hoyos ha sido miembro de las Juntas Directivas de casi todas nuestras empresas y, cuando no, ha sido siempre nuestro principal consejero, sin embargo, para Hoyos hay una sociedad mucho más importante que la nuestra y que las muchas actividades que demandan su tiempo, la constituyó con una socia maravillosa, Eneris Cañavera que lo supera a él en muchos sentidos y que en ella ejerce como señora y dueña, como reina de un hogar fundado sobre los cimientos de los principios de la Iglesia Católica y sobre la piedra fundamental de un amor profundo de donde han brotado frutos que los enaltecen: El inolvidable Luchito, médico, prematuramente muerto en un accidente; Rafael, empresario; Arlene, excelente abogada, felizmente casada con otro empresario exitoso; Javier, también empresario y socio nuestro en la Promotora de la Riqueza del Departamento de Bolívar y Jorge Luis, comerciante afortunado.

 

Un hogar donde el amor fluye en todas direcciones y se derrama entre los esposos, entre los hijos y en los hogares que cada uno de estos ha fundado.
Propongo el testimonio vital de Luis Rafael Hoyos García como ejemplo a seguir por la juventud bolivarense, especialmente aquella que hoy labora en diferentes empresas, para que como él, empiecen a ser ambiciosos, a pensar en grande, a soñar con un destino independiente que les permita aprovechar las innumerables oportunidades que hoy se ofrecen en la ciudad y en el departamento para su propio beneficio, para crear empleos y mucha riqueza que le permita a las gentes de Bolívar mejorar su nivel de vida y alcanzar mucha prosperidad y felicidad para sí mismo y para sus familias.